Desde lo profundo de mis aposentos puedo sentir la presencia
de un ente maligno.
Me acecha y quiere poseerme. El rayo azul me protege, no
siento miedo alguno, pero a través de sus ojos puedo respirarlo, conocerlo, entender sus más despiadados
deseos y su manera de alimentarse de inocentes. La sazón de un pobre diablo taciturno y solitario
viéndome y vigilando cada paso que doy.
-¿Qué necesitas ángel caído?- le digo de manera firme.
No contesta y quiere embelecarme con sus encantos, se acerca a mí intentando besarme con sus labios dulces, me ofrece
placeres, obscenidades, drogas, sangre, fama, riquezas. Me río en su cara.
-¿No te has dado cuenta ya de que has perdido?-
Me abofetea con fuerza demoníaca, caigo al suelo y me pisotea, domina mi cuerpo, más no mi mente. Yo sigo viéndolo a los ojos.
y se quedará ahí... paciente ...
ReplyDelete